Tengo que confesar que poseo una extraña afición por el cine cutre. Ya sabéis, esas películas que salieron directamente para televisión y que suelen echar los sábados y domingos por la tarde, para que las neuronas también puedan tomarse el fin de semana libre. Animales asesinos, maldiciones ancestrales, tesoros escondidos, pseudo-ciencia de salón, mucha ingeniería genética y actores que parecen sacados de un casting porno son los ingredientes necesarios para conquistarme.

Ayer vi FDR: American Badass y, mientras meditaba qué lugar ocuparía en una hipotética lista de mis películasde serie B preferidas, decidí echar mano del ordenador y hacer realidad ese ranking.
Si tenéis un rato libre y nos apetece emplear una sola neurona en ocuparlo, cualquiera de las siguientes sugerencias es válida. Imprescindible para una completa apreciación verlas acompañadas de algún brevaje alcohólico, preferiblemente en grandes cantidades.  


1. Hard Ticket to Hawaii (1987)

Si hablamos de argumentos, hay montones de películas como Hard Ticket to Hawaii. El propio director, Andy Sidaris, ha dirigido 12 de ellas, todas protagonizadas por chicas Playboy haciendo de tetudas superagentes secretas en paradisíacos escenarios. Esta clase de filmes son la quintaesencia de las llamadas TV movies, condenadas a no ver jamás el prime time. Todas son estúpidas, todas son ridículas, pero Hard Ticket to Hawaii es proablemente la más divertida de ellas, una perfecta mezcla de sexualidad falta de elegancia y acción hiper-macho ochentera. Sus secuencias de acción son surrealistas, desde el asesino skater que reparte tiros escudado por una muñeca hinchable, hasta el secuaz llamado Shades que es ejecutado mediante un frisbee tuneado con cuchillas (me recuerda a una versión playera de los Peaky Blinders). Ah, ¿y he mencionado ya que el argumento implica a las mozas a la búsqueda de una mortal serpiente que se ha escapado de un laboratorio “infectada con toxinas de ratas infectadas con cáncer”? Sólo por esto ya podría ser valioso echarle un vistazo, pero para gozo y disfrute de los amantes del cine cutre, ésta es a penas una de las varias razones que hacen Hard Ticket to Hawaii tan vergonzosamente buena.


2. FDR: American Badass (2012)

Tengo sentimientos encontrados cuando se trata de películas hechas mal intencionadamente. Guarda cierto encanto pensar en la candidez de un director poniendo todo su empeño en la grabación, convencido al 100% con su proyecto, y resultando éste ser una gran bazofia. Ésta en cambio sugiere más bien ser el producto de una noche de juerga en que un grupo de amigos decidió que era buena idea rodar una película mientras esperaban a que se les pasase el efecto de las setas. Sin embargo, FDR: American Badass es tan graciosa que al final debería importar una mierda si fue hecha así a propósito. Los actores parecen estar pasándoselo tan bien con lo descabellado del diálogo que a penas semeja que estén actuando, es como si filmasen cada toma entre copa y copa de wishkey. Cada vez que la trama parece relajarse y rozar lo que llamaríamos “normalidad”, el argumento pega un giro repentino y dobla el absurdo anterior. Con decir que el hecho de que Hitler sea un hombre lobo no es ni de lejos lo más bizarro de la película…

 
3. Basket Case (1982)

El presupuesto de 33000$ no dio para más que unos cuantos actores penosos y una cesta de mimbre, pero aun así lograron hacer una de las mejores películas de terror dentro de la categoría del bajo coste. Basket Case cuenta la historia de dos hermanos: un tío aparentemente normal llamado Duane y su gemelo deforme Belial, al que lleva siempre a cuestas metido en la susodicha cesta. Pese a ser poco más que una mole compuesta por una especie de cabeza y un par de… ¿brazos?, Belial se las apaña para escapar y sembrar el pánico allá dónde va. La película se hizo tan famosa que hasta tuvo un par de secuelas allá por los ’90.

4. Poseidon Rex (2013)

No mentiré, Poseidón Rex es seguramente lo más flojo de esta lista, pero mi paleofetichismo me obligaba a incluir algo con dinosaurios. Creo que con un poco más de gore hubiera ganado puntos, porque tener un ancestral depredador submarino atacando gente y no ver a penas miembros amputados es algo que no termina de cuadrar. En el lado bueno, tiene bastante gracia la incoherencia a la hora de mostrar el tamaño del dinosaurio, que a veces es poco mayor que una persona y otras tan grande como una edificio de 7 plantas. También hay carne, mucha carne de fémina, porque en esa isla o hay una escasez de tela o están tan aislados que no les llegan otra prenda que no sean bikinis (hasta las científicas trabajan en bikini). Para desgracia de las espectadoras, el porcentaje de maromos está fuertemente descompensado.

5 Thankskilling (2008)

Un pavo asesino y un reparto con tan poco talento que hasta una obra de teatro escolar resultaría más creíble. Escenas destacables: el pavo se hace pasar por el padre de la protagonista poniéndose su cara tras haberlo matado. El pavo es agredido sexualmente y le pega un tiro a su agresor. El pavo viola a una chica a la que después le parte el cuello. Finalmente, añadir el dato de que la secuela a esta película se llama Thankskilling 3. Creo que con esto ya he dicho suficiente.

6. Hércules in New York (1970)

Os acordáis de la parquedad expresiva de Arnold Schwarzenegger en Conan el Bárbaro? Pues aunque en el momento nos tragásemos que era fruto de una notable interpretación, no hay más que ver Hércules en Nueva York, rodada 10 años antes, para darse cuenta de que el tío no sabía hacer otra cosa. Mantener esos músculos permanentemente hinchados ya debe requerir suficiente esfuerzo como para preocuparse de cuestiones interpretativas. Además, seamos realistas, ¿alguien le miraba a la cara? No lo digo por desprecio ni lujuria, es una mera custión física: resulta inviable enfocar el rostro cuando bíceps y pectorales juntos ocupan más del 80% de la pantalla.
Hércules en Nueva York fue la primera peli distintiva del Chuache, en la que aprece acreditado como “Arnold Strong, Mr. Universe” (Arnold El Fuerte, Mr. Universo), en parte por la complejidad de deletrear su verdadero apellido y principalmente por la inmesidad de su ego. Un coloso de tan sólo 22 años con una experiencia interpretativa tan nula como su carisma merodea por Nueva York dedicándose al wrestling. Se dice que de aquéllas su inglés era tan ininteligible que tuvieron que doblarle los diálogos, pero todavía circulan por ahí retazos del audio original. 

7. I bought a vampire motorcycle (1990)

Vamos a jugar a un juego: tenéis tres intentos para adivinar de qué trata la película. Si, después de mucho cavilar, os habéis aventurado a decir “un tío compra una moto que resulta ser un vampiro”, habéis acertado. Esta joya británica es una mezcla de comedia y terror que satiriza con éxito el cine horror-basura que tanto pegaba en los States a finales de los ochenta, pero al mismo tiempo también es un horror-basura en sí misma. De ese típo de películas que hacen gracia en parte por sus intencionadas bromas y en parte por su no intencionada ridiculez. La palabra más adecuada para describirla sería bizarra, culminada por una escena que incluye un zurullo parlante en el váter del protagonista. Probablemente haya desalentado a unos cuantos contando esto, pero si aún así os atrevéis a verla, que no sea por falta de información.


8. It came from beneath the sea (1955)

Ray Harryhausen, el genio de los efectos especiales, es el padre-creador de este pulpo gigante asesino que vaga por el océano y termina atacando el Golden Gate. Como dice el tráiler: “la bomba H lo liberó de las profundidades del Pacífico, pero ni siquiera la bomba H puede acabar con él!”. Esta película es un perfecto reflejo de la paranoia nuclear de los 50 aunque enmascarada por la etiqueta de ciencia-ficción.

9. Dead Alive / Braindead (1992)

No me ha quedado claro el verdadero título de esta película, que según IMDB es Braindead pero en los carteles dice Dead Alive. Lo que sí es seguro es que ninguno de esos títulos tiene nada que ver con el nombre que se le dio en España: Tu madre se ha comido a mi perro, lo que la convierte en una habitual de las listas de títulos ridículamente traducidos al castellano. 
Todo el mundo tiene un pasado, y el de Peter Jackson es éste. Antes de convertirse en el hacedor de la Tierra Media, se había coronado como rey del gore con esta obra maestra. Sobra decir que es una de las películas más asquerosas y sangrientas que he visto nunca. A lo largo de su hora y media se reproducen absolutamente TODAS las formas posibles de mutilar a un zombie, incluyendo en la que le clavan una bombilla en el cráneo para que la cabeza se le ilumine como una calabaza de Halloween. Pero nada de eso es comparable a la escena final: la masacre del cortacésped. No diré más.
(Vale, sí, sólo una cosa más: ¿a qué retorcida mente se le ocurrió después que era el hombre indicado para manejar una producción de 300 millones de dólares?).

10.  Troll 2 (1990)

Una posible clasificación para las películas de serie B podría ser: mala, muy mala, terriblemente mala y, finalmente, tan apoteósicamente mala que incluso ha inspirado un documental. En el caso que nos ocupa, dicho reportaje se titula Best Worst Movie (“La mejor peor película”) y se dedica a intentar desgranar los componentes que hacen de Troll 2 una obra cumbre en su género. 
Resumiendo así rápidamente, un italiano con afición por lo hortera y cutre llegó a Utah en 1989 y, sin saber a penas inglés, se las apañó para rodar un largometraje de bajísimo presupuesto sobre unos duendecillos vegetarianos (no, ni siquiera son trolls). Algunas cosas que se cuentan en el docu suenan a chiste, como que el director contrató al dentista del pueblo, con cero experiencia interpretativa, para que hiciese uno de los papeles principales, o que el actor que aprece en una de las mejores escenas de toda la peli haciendo de tendero era en realidad un tío que se encontraba ahí en una salida de permiso del psiquiátrico. 
El resultado final es tan surrealista que termina pareciendo una broma de mal gusto. Como si al terminar de verla, el director fuese a salir de algún escondite de tu salón y decirte “te lo habías creído, eh?”.

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